Tuesday, July 23, 2024

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Del ‘marco’ del escenario a la producción de espacios multisensoriales

Primero fueron pinturas enmarcadas, luego, los artistas comenzaron a insertar “cosas de la vida real” en sus cuadros para hacer collages. Después, el arte salió de los marcos para crear “ensamblajes”, mismos que sin ser esculturas, eran tridimensionales. Así comienza Allan Kaprow a explicar en su libro Assemblages, Environments and Happenings el cómo el arte pasó de un marco a un “ambiente”, palabra que en el teatro y el performance describe una serie de prácticas complejas que, en lugar de un escenario, usan todo un sistema multisensorial que rodea al espectador y al intérprete. Kaprow explica que, una vez que los ensamblajes se convirtieron en ambientes para que el espectador explorara, el artista entró a accionar con su cuerpo estos espacios, evolucionando entonces al happening y al performance.

Inspirado por Kaprow, Richard Schechner popularizó entre los años 60’s y 80’s la aplicación de la idea de ambiente, ahora sí, dentro del arte teatral. Nace entonces el teatro ambiental o ambientalista. ¿Pero qué se necesita para crear un ambiente?

Schechner explica que los ambientes, a diferencia de la escenografía, contienen, abrigan, requieren de una participación activa, son una concatenación de sistemas. Son un multisistema en el que no sólo hay actores o espectadores, en su lugar, todos habitan al mismo tiempo. Sus múltiples capas en funcionamiento hacen que todos los factores se influencien mutuamente, por lo que es imposible considerar un ambiente como un factor pasivo en la escena, al contrario, por regla en el teatro ambiental se considera que el espacio es un actor más.

En realidad, Schechner considera que aún en una obra de teatro del tipo más ortodoxo existe un ambiente, si es que ampliamos la noción del espacio en el que el fenómeno teatral sucede y consideramos el edificio teatral por entero, con todas las interacciones o acciones que el espectador realiza desde que llega a éste. El teatro para Schechner, implica varios intercambios simultáneos: Entre ejecutantes, entre espectadores, entre ejecutantes y espectadores, entre los elementos de producción, entre ejecutantes y los elementos de producción, entre los elementos de producción y los espectadores, y entre el total de la producción y el espacio en el que se realiza. Lo que hace que el abordaje de una u otra obra varíe radica solamente en cuales elementos se consideran como primarios. Entonces, la primera regla para entender al teatro ambiental es justamente ser conscientes de que el fenómeno teatral es una serie de interacciones que se afectan entre sí.

Ahora, el teatro ambiental se separa de formas de teatro más tradicionales en dos aspectos principales: el uso del espacio como un todo, sin una división clara entre espectador y actor, y en la posibilidad de que el público sea un factor activo, contrario a la pasividad a la que muchas veces se acostumbra someterle. En ese sentido, Schechner ve a algunas propuestas de teatro ambiental más cercanas al ritual o a la propia vida urbana, pues en estas interacciones nadie se encuentra “solamente mirando”.

Otras reglas que se introducen para el funcionamiento del teatro ambiental incluyen la consciencia de la complejidad que un espacio tridimensional y multisensorial posee, sea construido o ya existente, como aplicaría en el caso del teatro en espacios urbanos. Además, Schechner explica que, como consecuencia de lo anterior, el punto focal de las propuestas es flexible y varía, que es necesario entender que cada elemento de producción habla su propio lenguaje y que el texto es sólo un elemento más, no el centro de todo.

Enviromental theatre o Teatro ambientalista, es sin duda una lectura que vale la pena para aquellos que se interesan en un teatro cuyo enfoque no es el del teatro dramático y que se plantean la posibilidad de la centralidad de otros elementos como el espacio, el sonido o las propias interacciones como centro del fenómeno teatral. Una invitación a sumergirse en las ideas que años más tarde llevarían a Hans-Thies Lehmann a acuñar el término “teatro posdramático”.

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