Saturday, April 13, 2024

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Enrique Norten. “La arquitectura no siempre es arte”

Enrique Norten (México, 1954) entró en el salón Tolteca del World Trade Center de Ciudad de México. Vestido totalmente de negro, el arquitecto se tomó varios minutos para atender a los asistentes que le pedían fotos para capturar el momento, antes de tomar el escenario y dictar una conferencia sobre ciudad, territorio, sustentabilidad y movilidad.

En la pantalla, al tiempo que desfilaban imágenes históricas sobre el desarrollo de Ciudad de México (Tenochtitlan) y sus proyectos arquitectónicos, Norten hacía anotaciones y profundizaba acerca de estos temas.

Al arquitecto que se considera “sumamente chilango”, lo respalda una trayectoria de casi cuatro décadas que le ha valido varios galardones, entre ellos el Premio Nacional de Artes y Literatura en México 2010 y el Mies Van der Rohe de Arquitectura Latinoamericana en 2012.

Los éxitos continúan; el más reciente es el Premio Lorenzo H. Zambrano, de Cemex, que lo reconoce como “uno de los arquitectos más innovadores y creativos, y que ha impulsado como pocos los diseños más vanguardistas en México y Estados Unidos”, se difundió en el comunicado que reconocía al fundador de TEN Arquitectos (Taller Enrique Norten).

Miembro emérito en la Academia Nacional de Arquitectura, colaborador y columnista de MILENIO, conversa en entrevista exclusiva sobre su más reciente galardón, su labor y trayectoria en el mundo de la arquitectura.

¿Cómo se siente con la obtención del Premio Lorenzo H. Zambrano, de Cemex?

Siempre he considerado que los premios son un reconocimiento por un trabajo de mucho tiempo. Son especialmente significativos cuando vienen de tus propios pares: gente que está involucrada en el mundo de la construcción, que conoce la complejidad de llevar a cabo este tipo de trabajo, por eso me halaga mucho que Cemex me reconozca; además, vale la pena decir que es una de las empresas más importantes que tenemos en México en el mundo de la construcción.

“Evidentemente es un gran halago, un gran honor y estoy agradecido de ser elegido para este premio, pero como siempre digo: los premios, además de ser un gran reconocimiento, vienen con una gran responsabilidad y eso es un mayor compromiso, y de esa manera los recibo: como un reconocimiento, y por otro lado con un compromiso con la comunidad, con el país y el mundo”.

En MILENIO escribió: “El reto de la creación de lugares es generar un diálogo entre lo existente y lo nuevo”. ¿Se cumple con ello?

No creo que se cumpla, pero creo que es un principio importante. Nosotros no trabajamos en un lienzo en blanco: trabajamos e insertamos nuestro trabajo en condiciones preexistentes, a veces en condiciones urbanas y otras naturales, y en ambos casos es igualmente importante. Es evidente que lo que nosotros hagamos desde nuestro lugar va a modificar y va a afectar e impactar el ambiente, positiva o negativamente, y ahí es donde llevamos una enorme responsabilidad.

Sus proyectos cruzan fronteras, ¿qué descubre al adentrarse en otros territorios?

Cada lugar tiene sus condiciones específicas, y en cada oportunidad que tenemos de participar en distintos lugares, de alguna manera nos hace aprender mucho, no solamente de ese lugar sino de una cultura y una manera de pensar. Yo siempre he creído que nuestro trabajo se tiene que ubicar en esta intersección que existe entre lo universal y lo específico, entre lo global y lo local, lo que quiere decir que nos interesa participar en el discurso mundial de la arquitectura, pero al mismo tiempo tenemos el compromiso de atender las condiciones muy únicas de ese sitio que nos corresponde intervenir.

¿Cómo define su camino en estas casi cuatro décadas?

La arquitectura es una disciplina dura, que requiere una dedicación constante. Me siento muy contento y orgulloso de haber tenido la oportunidad de recorrer este camino, de haberme encontrado con los obstáculos que cualquier viaje va poniendo frente de ti. Yo no sé si es el destino que había vislumbrado cuando empecé este viaje, pero he llegado a un lugar donde me siento muy cómodo, con gran confianza y con muchas satisfacciones.

¿Qué tan importante es la fusión del arte y la arquitectura?

Es muy importante, yo aprendo muchísimo de los creadores artísticos, pero vale la pena decir que la arquitectura, desde mi humilde punto de vista, no es un arte siempre, primero es una profesión, una responsabilidad que tenemos con una comunidad y que algunas veces nos rebasa y por sí sola alcanza esa condición sublime que se convierte en una obra de arte, pero no es nuestro objetivo inmediato.

En un futuro cercano cambiará la figura presidencial, ¿qué recomendación le daría en cuanto a ciudad, movilidad e infraestructura?

Es toda una tesis. Lo que digo, cuando tengo oportunidad de platicar con actores importantes en ese sentido, es que necesitamos revalorar y replantear muchas de las políticas públicas que tienen que ver con el desarrollo urbano, con la creación y crecimiento de ciudades, y que se vuelva fundamental: buenas ciudades y buenas condiciones de vida para los habitantes nos ayudarán a resolver muchos problemas. Estamos en un momento donde urge un cambio educativo de ver la ciudad y ver el mundo.

¿Se puede redireccionar la ciudad?

Claro que son posibles esos cambios. Se necesita reglamentar la política, una gran propuesta económica, talento, personas y disciplinas, pero claro que se puede.

Usted dice que es un “arquitecto sumamente chilango”.

Muy chilango, quiero mucho a esta ciudad. Yo aquí nací, aquí me eduqué y espero terminar aquí también.

Entre las creaciones de Norten en México están la Escuela de Arte Teatral, los edificios de Televisa Chapultepec y el Hotel Habita; mientras que en el extranjero se encuentran el edificio de la Biblioteca Pública de Nueva York o el Glenn Research Center de la NASA, en Cleveland.

BSMM

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